sábado, 6 de septiembre de 2014

WHAT WE DID ON OUR HOLIDAYS (CONTINUACION)

Como la vida de un trader no se limita a estar frente al ordenador comprando y vendiendo (para eso hay unos robots muy chulos) os contaré un resumen de mis mega-vacaciones.

Se podrían resumir en un bonito viaje iniciático que recomiendo a todo el que pueda permitírselo. Concretando: mi hija se marcha a la Universidad y está en esa difusa frontera entre la niña que aun admira y necesita a su "papá" y la adulta que ya "pasa" del vejestorio ese que "ya no entiende nada del mundo actual". Yo creo que todos los padres que en este puñetero mundo nos hemos esforzado por darles lo mejor (y eso incluye las ideas y filosofía aprendidas a lo largo de muchos años y lágrimas), tenemos derecho a intentar que ellos, como adultos jóvenes que son, nos vean como los adultos que somos. Con nuestros defectos y virtudes. Con nuestros fallos y éxitos. Sin caretas. Y, después, que nos juzguen el resto de su vida si quieren. Pero no sin haber oído nuestra propia defensa...

Por eso... y porque si no lo hacía ahora, ya no lo haré nunca... nos hemos ido 35 días por ahí.

Al principio, pensaba que iba a ser muy duro. Luego, la convivencia ha sido facilísima. Supongo que porque en realidad tenemos mucho mas en común con nuestros hijos de lo que creemos: al fin y al cabo, los hemos educado nosotros. Como turistas, nos hemos dedicado especialmente al Arte: museos, castillos, palacios, edificios singulares, música... pero es que a los dos nos encanta. Y así, y con unas cuantas cesiones puntuales por ambas partes, todo es muy sencillo...

Empezamos en Budapest. Nos alojamos junto a la Catedral de San Esteban, en pleno centro de Pest. El mejor sitio. La ciudad me sorprendió muy agradablemente. Además de un montón de museos cuya existencia ignoraba y de las atracciones turísticas de rigor, me pareció una ciudad muy monumental que quiere olvidar un reciente pasado soviético a marchas forzadas: limpiando fachadas, arreglando calles, renovando aceras, cuidando jardines... Estuvimos 10 días y nos quedaron cosas por hacer. Eso lo dice todo.

Lo peor: la falta de aire acondicionado en los museos... aunque reconozco que el verano dura poco.

Lo mejor: la zona de edificios entre la basílica de San Estaban y el Parlamento. No sale en las guías, pero la plaza donde está la embajada americana y alrededores es impresionante.

Un sitio para comer: Sin duda el Café Vian en pleno centro. Desayuno, comida y cena. Muy variado, buena calidad y buenos precios. Comida local, el "goulash". En español, guisillo de carne con su paprika en vez de nuestro pimentón. Menuda sorpresa me llevé al probarlo...

Una delicatessen: ráscate un poco el bolsillo (casi nada desde el punto de vista español) y cena en el Hotel Four Seasons, junto al Danubio y con Buda enfrente. Es el edificio "Art Nouveau" más bonito que conozco. No en vano fue el lugar de residencia de los jefazos soviéticos durante la "ocupación". Similar y mas económico, toma un té con pastas para merendar en el mismo sitio: hay un pianista para tocarte una de manolo Escobar, por si te da la nostalgia...

Seguimos con Viena. Clave cogerse un hotel junto al "Ring", la gran arteria vienesa. Sí, ya sé que son muy caros... pero si se busca, se puede encontrar algún 4 estrellas a precios "razonables". Pasamos otros 10 días. Y aquí sí que hay museos a porrillo. Entre otras cosas, porque los muy espabilados tienen todo repartido entre todos los edificios y así no hay quien pueda. Imaginaros que el Prado repartiera su colección entre 10 edificios de Madrid: en uno, todo Velazquez y gente de esa época. En otro, Goya y afines. En un tercero Rubens y los flamencos... Un chollo para Madrid... y una putada para los turistas. Pues eso hacen en Viena. Por ejemplo: para ver Sissi (un capricho de mi hija y no mío... ¡ojo!) hay que ir a Schombrunn (5 tickets diferentes para verlo todo) y luego al Palacio del centro de Viena (no recuerdo su nombre) y otros 3 tickets.

El caso es que Viena requiere buenas piernas. Hay 3 km. de una punta del ring a la otra... por el camino mas corto. Y entrar en la "ciudad vieja" (el interior del "ring") es caminar en medio de una muchedumbre de "guiris" de todas las procedencias y niveles adquisitivos... y no hay mas remedio que ir a su ritmo. Eso sí: los semaforos duran en verde segundos: hay que cruzarlos al trote o te atropellan (les sobran los turistas y no se andan con contemplaciones...).

En general, impresionan mas el "ring" y los palacios que "la ciudad antigua". Al menos una vez vista Budapest...

Lo mejor: El "ring" y los Palacio-Museo (algunos sólo. El famoso "Albertina" es una estafa: sólo tienen un par de Dureros y punto).

Lo peor: El Sissiticket para entrar a Schombrunn. Me obligó a ligarme a una polaca de 60 años para ahorrarme una hora de cola... ante las narices del resto de la cola... y sabiendo la pobre mujer casi el mismo inglés que yo: cero. Eso sí: quedé como Dios ante los admirados ojos de mi hija que siempre había creído que su "papá" era un tío serio. La juventud ignora que los genes del extinto "macho ibérico" aun corren por nuestras venas...

Un sitio para comer: "Pizzería Salieri", bastante cerca de la Opera (hay un camarero rata que se quiere quedar con las vueltas, pero las pizzas son "estilo español", tienen mucha cantidad de ingredientes y los precios son casi españoles. Un japonés, "Wok and more", en la calle que cruza el "ring" a la altura de la Opera y en dirección contraria a la "ciudad antigua". Cantidad y calidad brutales a precios de chino español. Los restaurantes locales, caros y poca variedad: mas "goulash" y el "Snitzel", el filete empanado vienés. El original es de ternera, pero casi todo el mundo lo come de cerdo por los 4 euros de diferencia. Por cierto, en centroeuropa el agua es literalmente mas cara que la cerveza. Así que hay que perder la verguenza de pedir un "tap water" o como se diga: el triste, pero siempre práctico, vaso de agua del grifo.

Una delicatessen: Comer la auténtica tarta "Sacher" (se pronuncia "Sajer") en el Hotel Sacher 5 estrellas. Casi las mismas colas que para el Sissitiket, pero nada que no se pueda solucionar con un poco de "poderío", pidiendo una reserva de mesa para cenar en el Retaurant mientras se mira, "por encima del hombro" y con ligero enfado, al guirerío japonés y árabe que nos molesta con su presencia en la entrada de "nuestro" hotel. Otra forma de saltarse la cola...

Y ahora... Praga. Capital mundial del "Art Nouveau". ¿Que no...? ¿Que es París...?. Pues igual tiene razón, oiga. Pero lo cierto es que todo el casco urbano es "Art Nouveau" y del bueno, mientras París es una mezcla de todos los estilos... incluyendo el aburrido e insustancial neo-clasico que para "La Madelaine" puede quedar bien, pero para las casas de a pié, no. Aquí también luchan por librarse a toda prisa del sello soviético, como en Budapest, pero... en vez de la "seriedad" pan-germánica, han adoptado la vieja picaresca española: intentan timar al turista por todas partes. En los cambios de moneda. En los restaurantes. En los taxis... Hasta en los museos: te enseñan cuatro cosas (igual no tienen mas...) a precio de oro y pedrería. Eso hace que sea cara hasta comparada con Viena, además de molesta... Hay que ir con espíritu peleón o se te queda cara de tonto... Con el alojamiento tuve suerte. Pillé un ex- cinco estrellas decadente en pleno centro dando al Danubio (o al río que pase por allí...) a 60 € la noche. Un chollo por nombre "President" que nos endulzó la estancia.

Lo mejor: Perderse por las calles adyacentes a las "autopistas" para guiris. Fachadas maravillosas en los rincones mas insospechados.

Lo peor: El archifamoso "castillo". O yo vi otra cosa, o yo iba de muy mal humor ese día, o yo esperaba... no sé bien qué. El caso es que me pareció muy poquita cosa en comparación a Buda. Una catedral muy bonita y para de contar. Eso sí: el ticket a precio de maravilla mundial, que "bussines is bussiness"...

Un sitio para comer: todos los del centro son para guiris, sean de comida local o pizzerías (que van camino de convertirse en la "comida internacional"). Y los precios y la calidad van en consecuencia. Solo comí bien, y a precios sensatos, el día que tomamos el metro y fuimos a la Plaza del Parlamento, fuera del circuito para forasteros, aunque es una plaza muy bonita con edificios y una Iglesia muy interesantes. En la plaza hay un restaurante, "Bruxx", que ofrecen mejillones y comida belga de calidad. Y justo al lado, un restaurante "para ellos" repleto de nativos bebiendo cerveza y cenando auténtica comida checa: carne, carne y mas carne...

Una delicatessen: El jamón de Praga. Jamón ahumado por el sistema antiguo y de sabor exquisito. Se puede probar en cualquier sitio, pero si no sois muy "escrupulosos", en la Plaza de la Ciudad Vieja, el auténtico corazón de la Praga turística con sus torres y su reloj, os venden bocadillos y platos para saborear tirados en el suelo escuchando algún músico callejero (hacen turnos para tocar). Ya sé que esto de andar sentándose en medio de la plaza suena a reminiscencia adolescente de cuando coreábamos aquello de "Ni Franco ni sus grises nos moverán". Pues vale: seamos jóvenes por última vez en nuestra vida... Como diría en pobre David Bowie: " We can be Heroes... Just for one day.

Salzburgo. Siguiente parada. Muy mala comunicación con Praga (sorpresa...). Una pequeña ciudad (la parte antigua, porque en conjunto tiene mas de 100.000 habitantes) dedicada a Mozart y a su recuerdo. En Agosto, la música es la reina: podríamos acudir a conciertos mas o menos buenos desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche ininterrumpidamente, pero si sois mas comodones o no os apetece ir de Iglesia en Iglesia, tienen cantidad de músicos callejeros, algunos igual de buenos que los que tocan dentro. La parte antigua es un hormiguero peor que Praga o Viena (dijimos que era "pequeña", ¿recordáis?), pero los alrededores del río son muy bonitos y los turistas los ignoran.

Lo mejor: la música. Todo está pensado para que se escuche en todo momento... sin importar el nivel adquisitivo (los conciertos "de verdad" son muy caros).

Lo peor: las multitudes. Igual no es tanta gente, pero lo parece. Además, aquí ya se empieza a notar la influencia germánica: a las 10 cierran casi todo: hay que andar listos o nos quedamos sin cenar.

Un sitio para comer: Ninguno. Algunos sitios del centro, como uno llamado "Elephant", sirven buenos menús de mediodía (éste concretamente hasta las 3. Una excepción...). El resto... la sota caballo rey habitual (snitzel, goulash, codillo y salchichas). Interesantes puestecitos en las plazas mas grandes para comer salchichas "al salto" (hay una gran variedad de ellas). Para cenar... mas vale que cruces el río fuera del casco antiguo. La comida es la misma de antes, pero a precios mas discretos... y hay algún indio y alguna pizzería decente.

Una delicatessen: Por supuesto, negarse a probar las archipresentes "pelotas de Mozart" (no sé como se llaman. Yo las denomino así...). Es el regalo perfecto para la gente que os caiga gorda. Igual, en algún momento histórico, pasaron por un buen bombón. Hoy son infumables. Pero vamos a lo positivo: Aquí hay también "Hotel Sacher" y su famosa "torten", pero si no queréis repetir os aconsejo una velada en la cafetería/restaurant del Hotel Bristol, un 5 estrellas frente a la casa de la familia de Mozart. Sillones antiguos para hundirse en confort, servicio exquisito, decoración impecable del XIX, pianista amable y de calidad... y 5 € medio litro de cerveza con copa de frutos secos de tapa. A veces, la buena vida resulta hasta barata...

Y de aquí, a Fussen.

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